Nápoles · 1985 → Bogotá · Hoy
No hemos cambiado una sola proporción desde que el bisabuelo Vincenzo cultivó la primera masa madre. Porque la prisa es el único enemigo de lo excepcional.
No somos un restaurante de moda.
Somos una obsesión que lleva un siglo sin resolverse.
En 1985, Vincenzo Ferrante plantó en tierra napolitana una semilla invisible — un cultivo de levaduras salvajes que se alimentaría de harina y agua cada día sin excepción. Hoy, esa misma entidad biológica respira bajo nuestro techo en Bogotá, viajó protegida en un jarrón de terracota a través del Atlántico, y ha sido dividida y alimentada por cuatro generaciones de manos que se negaron a usar atajos.
La pizza napolitana auténtica no es una técnica. Es un acto de fe. Cada disco de masa que sale de nuestras manos ha fermentado exactamente 72 horas, se ha cocido en exactamente 90 segundos a exactamente 450°C sobre piedra volcánica del Vesubio, y ha sido construido con ingredientes que tienen su origen certificado en la Campania italiana. No hay sustitutos. Nunca los hubo.
Cada capítulo, una decisión que definió quiénes somos hoy.
Don Ernesto abre una modesta parrilla en la Zona G de Bogotá, trayendo consigo las recetas de su familia argentina.
Nuestro churrasco es premiado como el mejor de la ciudad por la Revista Gourmet, atrayendo a comensales de todas partes.
Trasladamos el restaurante a un espacio más amplio sin perder la esencia, incorporando una cava de vinos seleccionados.
La segunda generación lidera, fusionando técnicas de maduración con la tradición del asado a la leña.
Haz clic en cualquier imagen para explorarla — arrastra para ver más.
Hay restaurantes que fabrican comida. Nosotros fabricamos convicciones. Estos son los tres principios que nunca hemos negociado en 100 años de historia.
Cada brasa enciende siglos de herencia parrillera, donde el arte del asado se transmite de generación en generación.
Cortes premium madurados, elegidos con rigor por nuestros maestros parrilleros para garantizar una experiencia inigualable.
Recibimos a cada comensal como a un invitado en nuestro hogar, creando momentos memorables alrededor del fuego.
Cuatro décadas encendiendo el alma de Bogotá, una brasa a la vez.Conoce nuestro arte →